La tumba de las luciérnagas
- Rodriguez Salazar Jose Ignacio
- 1 dic 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 3 dic 2025
ulo original: 火垂るの墓 (Hotaru no Haka)
Título traducido al español: La tumba de las luciérnagas (España/Hispanoamérica) / El sepulcro de las luciérnagas (traducción alternativa)
Año de realización: 1988
Distribuidora: Tōhō (Japón), Central Park Media (EE.UU.), Selecta Visión (España), Cinépolis (Latinoamérica - reestreno 2025)
Productoras: Studio Ghibli, Shinchosha Publishing
Director: Isao Takahata
Elenco de Doblaje
Doblaje Latinoamericano (Netflix 2024/2025):
Diego Becerril como Seita
Regina Huerta como Setsuko
Dirección de doblaje: Leyla Rangel
Estudio: New Art Dub
Doblaje Original Japonés:
Tsutomu Tatsumi como Seita
Ayano Shiraishi como Setsuko
Yoshiko Shinohara como la Madre
Akemi Yamaguchi como la Tía
PLATAFORMAS DONDE VER
Netflix
Amazon Prime Video
Reestreno en cines (2025)
RESUMEN

21 de septiembre de 1945. En una estación de tren en Kobe, Japón, un adolescente de 14 años llamado Seita agoniza solo, muriendo de inanición. Su espíritu se une al de su hermana menor, Setsuko, de 4 años, mientras luciérnagas iluminan la oscuridad a su alrededor. Así comienza una de las historias más devastadoras jamás contadas sobre la guerra: no desde las trincheras, no desde los campos de batalla, sino desde los ojos inocentes de dos niños que solo querían sobrevivir.
La película nos transporta meses atrás, al verano de 1945, cuando Japón se encuentra en los últimos y más brutales días de la Segunda Guerra Mundial. Seita y Setsuko son hijos de un oficial de la marina japonesa que vive estacionado en el frente. Durante un bombardeo estadounidense masivo sobre la ciudad de Kobe, los dos hermanos no logran llegar a tiempo al refugio donde su madre los espera. Las bombas incendiarias caen del cielo como lluvia de fuego, transformando la ciudad en un infierno ardiente.
Tras el bombardeo, Seita busca desesperadamente a su madre y la encuentra gravemente herida en una escuela convertida en hospital de emergencia. Su cuerpo está cubierto de quemaduras severas. Poco después, ella muere, dejando a los dos niños completamente solos. Seita oculta esta terrible verdad a Setsuko, diciéndole que su madre está en el hospital recuperándose.

Los hermanos se mudan temporalmente con su tía, quien al principio los recibe, pero a medida que la comida escasea y la guerra se intensifica, comienza a verlos como una carga. Les reprocha constantemente que Seita no trabaja para ganarse la comida, y que Setsuko es solo otra boca que alimentar. La tensión crece día tras día. Seita vende los kimonos de seda de su madre fallecida para comprar arroz, una decisión que destroza emocionalmente a Setsuko.
Incapaz de soportar más el desprecio de su tía y decidido a proteger la dignidad de su hermana, Seita toma una decisión fatal: abandonar la casa con Setsuko y buscar su propio camino. Utilizando el dinero que le queda de la cuenta bancaria de su madre, compra provisiones básicas y se instala con su hermana en un refugio antiaéreo abandonado cerca de un lago, rodeado de naturaleza.
Al principio, la vida en el refugio parece casi mágica. Los hermanos capturan luciérnagas de los pantanos cercanos y las sueltan dentro del refugio para iluminarlo por las noches. Juegan, ríen, cantan canciones. Setsuko, en su inocencia infantil, encuentra alegría en las pequeñas cosas: perseguir insectos, jugar con su muñeca, comer los caramelos Sakuma Drops que Seita guarda celosamente en una lata de metal.
Pero la realidad es implacable. A la mañana siguiente, todas las luciérnagas han muerto. Setsuko, con su dulzura característica, las entierra en pequeñas tumbas que cava con sus propias manos. Es entonces cuando, con una voz quebrada, le pregunta a su hermano: "¿Por qué las luciérnagas mueren tan pronto?" Y luego, con lágrimas en los ojos, revela que escuchó a su tía decir que su madre está muerta. "¿Mamá también está en una tumba?"
Desde ese momento, la situación se vuelve desesperada. El arroz se agota. Las provisiones desaparecen. Un granjero le aconseja a Seita que regrese con su tía, explicándole que sin formar parte de un grupo registrado, no recibirán las raciones oficiales de comida que el gobierno está distribuyendo. Pero el orgullo y el miedo al rechazo mantienen a Seita alejado.

Seita recurre al robo: roba tomates de las plantaciones, entra a casas vacías durante los bombardeos para llevarse lo que puede. En una ocasión, un granjero lo atrapa y lo lleva a la estación de policía, pero el oficial, comprendiendo la desesperación del muchacho, lo deja ir con una advertencia.
Mientras tanto, Setsuko se debilita. Desarrolla diarrea severa. Su piel se vuelve pálida. Apenas puede moverse. Un médico que Seita consulta le dice la terrible verdad: la niña está muriendo de desnutrición. No hay medicinas, no hay tratamiento. Solo necesita comida, y no hay comida disponible.
En un último y desesperado intento por salvarla, Seita intenta conseguir dinero del banco para comprar comida, pero descubre que todo está cerrado debido a los bombardeos continuos. Roba desesperadamente cualquier cosa que pueda vender o intercambiar, pero es demasiado tarde.
Setsuko, en su delirio por el hambre, comienza a "preparar" comida con bolas de barro, creyendo que son albóndigas de arroz. Le ofrece a su hermano su "comida" con una sonrisa débil. Seita, destrozado, solo puede abrazarla mientras llora.
Una noche, mientras la lluvia cae torrencialmente sobre el refugio, Setsuko muere en los brazos de su hermano. Su último aliento es apenas un suspiro. Seita, con apenas 14 años, debe enfrentar ahora una tarea imposible para cualquier niño: enterrar a su hermana.

Utilizando carbón del reparto especial que finalmente logró conseguir, Seita crema el cuerpo de Setsuko en la ladera de una colina, mientras cientos de luciérnagas vuelan alrededor de las llamas, como si fueran los espíritus de todos los niños perdidos en la guerra. Coloca las cenizas de su hermana en la lata de caramelos Sakuma Drops, ese mismo recipiente que alguna vez contuvo dulces y risas.
Seita ya no regresa al refugio. Vaga sin rumbo por las calles, un fantasma viviente entre otros fantasmas vivientes, hasta que finalmente colapsa en la estación de tren donde comenzó la historia. Ahí, solo y olvidado, muere.
La película concluye con los espíritus de Seita y Setsuko sentados juntos en una colina con vista a la moderna ciudad de Kobe, iluminada por miles de luces eléctricas. Juntos por fin, observan el mundo que dejaron atrás, un mundo que siguió adelante sin ellos, un mundo que los olvidó.

3 CARACTERÍSTICAS QUE LA HACEN UNA DE LAS MEJORES DEL GÉNERO
1. Narrativa Antibelicista Profundamente Humanista y Devastadoramente Realista
La tumba de las luciérnagas es un testimonio desgarrador sobre el verdadero costo humano de la guerra, contado desde los ojos de las víctimas más vulnerables: los niños. La película está basada en la novela semiautobiográfica de Akiyuki Nosaka, quien perdió a su propia hermana menor durante los bombardeos de Kobe y vivió con la culpa de no haberla salvado. Esta base autobiográfica otorga una autenticidad desgarradora que trasciende la ficción.
El director Isao Takahata toma una decisión narrativa brillante: revela la muerte de los protagonistas al inicio de la película, eliminando cualquier esperanza de un final feliz y obligando al espectador a enfrentar la inevitabilidad de la tragedia desde el primer momento. La película se niega a glorificar la guerra. No hay batallas épicas ni soldados valientes, solo hambre, enfermedad, soledad y muerte. Roger Ebert la consideró una de las películas más poderosas sobre la guerra y la incluyó en su lista de las mejores películas de todos los tiempos. Sin embargo, Takahata rechazó la interpretación simplista de que fuera "antibelicista", argumentando que la película es un documento histórico y emocional sobre la experiencia humana en su momento más vulnerable.
2. Excelencia Técnica y Simbolismo Visual Devastador
La tumba de las luciérnagas representa la cúspide de la animación tradicional japonesa, utilizando aproximadamente 60,000 celdas individuales pintadas a mano. Takahata empleó técnicas cinematográficas que se alejaban del estilo convencional del anime para acercarse a un realismo documental. La paleta de colores es predominantemente desaturada con tonos terrosos y grises que evocan la desolación de la guerra, interrumpida por momentos selectivos de color vibrante: el brillo de las luciérnagas, el rojo de las llamas, los caramelos Sakuma Drops. Estos estallidos de color funcionan como símbolos de esperanza efímera en medio de la oscuridad.
Las luciérnagas funcionan como un símbolo multifacético de enorme complejidad: representan la belleza fugaz de la infancia, los espíritus de los niños muertos, las bombas incendiarias, y la regeneración de la vida. El título japonés usa el kanji para "fuego" en lugar del carácter habitual para luciérnaga, enfatizando la conexión entre estos insectos y la destrucción. Una decisión técnica notable fue ocultar la boca de Setsuko en la mayoría de las escenas, primero grabando la voz de una niña real de 4 años y luego animando las imágenes, capturando así la autenticidad de las inflexiones vocales infantiles.
3. Impacto Cultural Duradero y Legado Cinematográfico Universal
La tumba de las luciérnagas se estrenó el 16 de abril de 1988 en un estreno doble histórico junto a Mi vecino Totoro. Mientras Totoro se convirtió en el símbolo de Studio Ghibli, La tumba de las luciérnagas tuvo un desempeño comercial modesto con 1.7 mil millones de yenes, pero el respaldo crítico fue abrumador. Ganó el Premio Mainichi a la Mejor Película de Animación en 1988, y en el Festival de Chicago en 1994 ganó el Premio a Mejor Película, compitiendo con obras como La lista de Schindler.
El legado de la película ha crecido exponencialmente: en 2018, USA Today la situó en el primer lugar de las 100 mejores películas de animación de todos los tiempos. Rotten Tomatoes le otorga un 100% de aprobación con 9.3/10 de calificación promedio, mientras que Metacritic le asigna 94/100. IMDB la reconoce como una de las 40 mejores películas de todos los tiempos en cualquier categoría. Los caramelos Sakuma Drops experimentaron un resurgimiento en popularidad y se convirtieron en objetos de colección. La frase "¿Por qué las luciérnagas mueren tan pronto?" se ha convertido en una expresión cultural reconocible en Japón.
El director Akira Kurosawa elogió la película y la consideró su producción favorita de Studio Ghibli. La película continúa siendo utilizada en contextos educativos en Japón para concienciar sobre los horrores de la guerra. Su reestreno en cines en 2025 en varios países latinoamericanos demuestra que su relevancia y poder emocional permanecen intactos más de tres décadas después.

PRINCIPALES PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS
Festival Internacional de Cine de Chicago (Chicago International Children's Film Festival) 1994:
Premio a Mejor Película (Animation Jury Award)
Premio por los Derechos de los Niños (Rights of the Child Award)
Premios Blue Ribbon (Blue Ribbon Awards) 1989:
Mención Especial (Special Award) - Isao Takahata
Premios Mainichi de Cine (Mainichi Film Awards) 1988:
Mejor Película de Animación del Año
Premio Kinema Junpo 1988:
Sexta Mejor Película del Año (elegida por críticos japoneses)
Festival Internacional de Cine Infantil y Juvenil de Moscú 1998:
Gran Premio (Grand Prix)
Festival de Cine de Animación de Locarno, Suiza 2010:
Premio a la Carrera de Isao Takahata



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